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LA MADRIGUERA

Artículos, entrevistas y reflexiones firmadas por Albert Domènech.

Un espacio para el análisis, el pensamiento crítico y la mirada periodística sin filtros.

Melody ilustrada

Melody, 12 points

por Albert Domènech · 26 de mayo de 2025

Melody se ha puesto el traje de luces camuflado con una bata de cola para disimular que hoy tenía el día folclórico y que, probablemente, está hasta las hélices del helicóptero de que todo el mundo quiera hablar en su nombre. Pero no se confundan, lo ha hecho con estilete en una operación tan delicada como polémica. Lo suyo ha sido una lección de elegancia, honestidad y honradez, pero sin perder su temperamento marca de la casa. Un carácter que algunos encumbran y otros detestan, pero que no dejar de ser Melody en estado puro.

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La artista eurovisiva tenía claro que línea roja no quería cruzar: la de la política. Y la sensación es que, cansada de ser usada como escudo bajo la armadura de RTVE, no ha perdido la oportunidad para reivindicar dos cosas: que lo suyo es el arte y la música, y que los que deben hacer política son otros. Aún así creo que no ha sido lo suficientemente avispada a la hora de ampararse en las bases del concurso que prohíben a los artistas las consignas políticas.

Lo que ha leído la cantante son las bases del Benidorm Fest para presentar y defender una canción, algo que nada tiene que ver con que diez días después del festival un artista a título personal pueda expresar una opinión. Hubiera sido más inteligente un “si te quieres manchar de mierda hazlo tú” que hubieran aplaudido todos los gorilas de la selva. Y es que nadie nos puede obligar a expresar opiniones, pero tampoco podemos responsabilizar de todo a los demás.

A partir de ahí Melody se ha ido desmelenando a ritmo de picardía, humor y un diluvio de zascas que ha inundado el plató de Prado del Rey a pesar de que los periodistas estaban a punto de caer desmayados por el calor en cualquier momento. Agua reparadora para una rueda de prensa que ha tenido lo que el público demandaba: mambo. “¿Queréis que me moje? No os preocupéis que tengo para todos”, debe haber pensado Melody antes de activar un ventilador de collejas de las que hacen daño y te dejan la nuca rojiza.

Ha recibido hasta la intocable María Eizaguirre a la que ha acusado de hablar demasiado y de querer tener siempre la última palabra. Apunten que la lista es al estilo de la que le hace un niño a los Reyes Magos. A la delegación de RTVE la ha señalado por determinados criterios a la hora de reforzar la canción, y ha dicho abiertamente que si la puesta en escena hubiera dependido de ella otro gallo cantaría. Un abanico de reproches que van desde algunos planos televisivos a golpe de efecto que no se tuvieron en cuenta.

Pero no es en lo único que ha recibido la televisión pública. A Melody no le hicieron ni puñetera gracia los chistes de La Revuelta, un programa al que no ha nombrado pero ha señalado por banalizar temas como la salud mental. ¿Irás al programa como invitada?, le ha espetado un periodista. Y la respuesta clara: “Ahora mismo no. Iré donde se me respete”. Pablo Motos ya tiene el teléfono en la mano. No se ha quedado ahí la artista que ha instado a la familia televisiva de Broncano a pedir perdón por reírse de ella. Os aseguro que será la polémica televisiva de la semana.

También ha señalado comentarios de otros programas como La familia de la tele. Con mirada felina y sin apartar los ojos de la cámara, ha dejado claro que está muy agradecida por la oportunidad- dardito a Matamoros- y ha tenido tiempo de dar un toque también a Sonsoles Ónega por querer remover el avispero y convertirse en la nueva reina de los dedos en la llaga. Tampoco se ha olvidado de la prensa rosa a la que acusa de no entender su necesidad de privacidad, así como de inventarse crisis con su pareja que según ella no existen. Ha reivindicado la conciliación laboral y el derecho a estar con su hijo, y ha dejado claro que los tiempos de su vida los marca ella. Algo que seguro que ha echado de menos en los tiempos eurovisivos, aunque no debe olvidarse tampoco que como profesional tiene unos contratos que cumplir (incluyendo entrevistas previamente pactadas).

El malestar de Melody no es muy distinto al de otros artistas que han representado España en el certamen. Y ese es el reto y el recado principal de una delegación que lleva días mareando la perdiz con Israel y el televoto, pero que parece que de puertas adentro tiene muchos aspectos a mejorar. Hoy Melody les ha marcado el camino con una actitud de diva que no ha convencido a todos, pero que ha callado las bocas de los que pensaban- y me incluyo- que esta rueda de prensa sería un paripé.

Quizás la próxima vez que alguien le pida a Melodía mambo se lo pensará dos veces. En Europa no cuajó, pero la actuación de hoy en Madrid es, sin lugar a duda, de 12 puntos. Eso sí, apunten esto de una puñetera vez: el puesto de Melody no tiene nada que ver ni con Israel, Palestina o el televoto. Ya hace tiempo que el festival maltrata a España, con la única excepción reciente de Chanel. Quedar antepenúltimos no es ninguna noticia. La noticia real hubiera sido hacer un buen papel. Fin de la polémica.

Ilustración de personas con caretas

La plaga de los mediocres

por Albert Domènech · Publicado originalmente en La Vanguardia el 30 de junio de 2022

Sí, lo sé. En un momento en el que estamos saturados de virus y plagas de todo tipo que van desde los chinches hasta la sarna, pasando por las ratas, los piojos y quien sabe si las langostas o los pandas con una botella de vodka, viene ahora el periodista de turno a echar más leña al fuego. Es lo que tiene la vida, que en pleno verano te apetece un buen helado y lo que te trae son dos tazas calientes de caldo. Antes de protestar, desconectar o pasar página para leer a Garfield, tomaos esto como una pequeña columna de autoayuda para detectar una plaga que parece invisible, pero que es igualmente invasiva y lleva mucho tiempo entre nosotros sin que nadie parezca dispuesto a poner remedio: la plaga de los mediocres.

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Hagamos una cosa. Piensa en un momento de tu vida, por muy agradable que te parezca cuando subes las fotos en Instagram. Cierra los ojos. ¿Los ves? Claro que no. A veces hay que esforzarse un poco más o, simplemente, querer fijarse. Concentración máxima: piensa en todos los entornos de tu vida. Ahí está. ¿Ha salido un nombre ya? Más de uno... no esperaba menos de ti.

Hagamos una cosa. Piensa en un momento de tu vida, por muy agradable que te parezca cuando subes las fotos en Instagram. Cierra los ojos. ¿Los ves? Claro que no. A veces hay que esforzarse un poco más o, simplemente, querer fijarse. Concentración máxima: piensa en todos los entornos de tu vida. Ahí está. ¿Ha salido un nombre ya? Más de uno... no esperaba menos de ti.

Vamos a decirlo claro a ver si como mínimo este artículo sirve de pócima invocatoria para que algunos necios aborten misión y se paguen unas vacaciones al más allá: la sociedad está plagada de personas mediocres, y los medios de comunicación también. Cuidado porque tienen apariencia normal, incluso algunos pueden resultar agradables hasta que te das cuenta de que algo no va bien.

Son vampiros energéticos que minan la moral a base de repetir las mismas actitudes cobardes basadas en su propia falta de autoestima o en la necesidad de joder la vida de los demás para que la suya parezca algo más placentera. Son aquellos que siempre aseguran tener la situación controlada y cuando van al lavabo lo que reina es el caso más absoluto. Son ladrones de ideas y, lo que es peor, de tu propia confianza. Son maestros disfrazados con la piel de alumnos frustrados que ven como los demás les avanzan por la derecha. Son personas que dicen saber más que nadie, y su ignorancia es lo de menos cuando alguien los contrata porque miran hacia abajo y no generan problemas a las alturas. Son los que aseguran salvar el mundo y los medios en un vals decrépito con la marcha fúnebre. Son aquellos a los que Shakira les dedicaría una canción para felicitarles por lo bien que actúan. Porque parecen buenos. Solo lo parecen. Hazme caso: bien lejos de la conjura de los mediocres.

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